Sunday, February 18, 2007

Viajes de vuelta ( 3 )


Despues de que por la tarde un tímido sol se hubiese asomado a ratos, la lluvia azotaba de nuevo los cristales del tren cuando volvía a casa al atardecer.
- ¡No seas tonta! - le había gritado Rosi a la puerta de las oficinas- Ven a tomarte una copa y dile a Jack que perdiste el tren de las siete...
Pero no era lo más acertado. Ya había llamado a Jack después del almuerzo para contarle el retraso de la mañana, que tendría que quedarse una hora más aquella tarde y...
-...y que tendrás que ir tú a por los chicos, lo siento...
- ¡Joder, Sara, "lo siento"! -le había gritado con bastante menos tacto que su jefe aquella misma mañana- ¡Es la segunda vez este mes... ¿sigues pensando que puedes hacer de madre y trabajar al mismo tiempo?Convencete, deja ya ese puto rollo feminista de la realización como persona y todo lo demás, tienes que dejarlo...
Se mordió los labios, para no recitarle como pensaba, la lista de pequeños caprichos de los que disfrutaba él ahora y que tendrían que olvidar si ella dejaba de trabajar: la conexión ADSL para el ordenador, el gimnasio y el squash, las escapadas de fin de semana a la sierra...
-...vale, vale-le dijo en voz baja apartando un poco el teléfono de su rostro- no quiero discutir esto ahora, solo decírtelo. Perdona por joderte la tarde de esta manera...
- ¿"Perdona"? ¿"joderte"? ¿pero de qué vas, Sara? ¿es que además tengo que sentirme culpable yo por no...
Había colgado el telefono de golpe, cubriéndose luego el rostro con los dedos para intentar retener las lágrimas por segunda vez en aquel día, y sin embargo se dejaron caer, ardientes, sin ningún esfuerzo...
No quería discutir, ya discutían demasiado y por cosas como aquellas, que no tenían nada que ver con ellos dos... no, no había opción de última copa ese día, caminó agotada a la estación cogió -esta vez sí- su tren a tiempo y apoyó la cabeza contra la ventanilla, viendo oscurecerse el día y ante el paisaje las gotas de lluvia dibujando serpeantes senderos en el cristal.
"Quisiera morirme" pensó de pronto, tan solo por una décima de segundo.
Y sin previo aviso, visualizó sobre el oscuro exterior el reflejo del desconocido ( "de Ben" ), los ojos azules, su sonrisa, y notó que un ligero calor le inundaba el pecho. Casi a su pesar devolvió la sonrisa al fantasmal reflejo...
...
Todavía bajo el dulce sopor que le invadía después de hacerle el amor a Michael, aún pegajoso el espacio entre ellos dos, su miembro lánguido apretado contra sus nalgas y los labios en su nuca, en ese estado de absoluto bienestar que le invadía, el pitido del teléfono móvil irrumpió como un cañonazo.
- ...vamos, Ben -le susurró Michael pasados unos segundos-...puede ser importante... el de la editorial...
-...mierda, que le jodan -dijo apretándole más contra sí-...creo que me estoy empalmando otra vez...
Michael rió y alargó el brazo hasta la mesilla para contestar al aparato.
-...sí........oh, sí -se revolvió en la cama para mirarle de frente con gesto de expectación-...ahora mismo se pone...
"¡Es él!", le vocalizó sin voz alargándole el teléfono.
- ¿Dígame?...sí, soy yo............oh..........vaya, es estupendo......... ¿esta tard......?....bueno, claro.......sí, como no.....antes del cierre....
Antes de colgar Michael ya saltaba alborozado sobre el colchón.
-...están encantados con el cuento, quieren que vaya esta misma tarde...
- ¡Pero eso es...cojonudo!-gritó Michael-.
Le besó sonoramente en los labios y empezó a tirar de él para levantarle de la cama.
- ¡Joder, tengo un pálpito con esto!... Dime, ¿cuando seas una celebridad vas a quererme igual?... ¡date prisa o no llegarás a tiempo!
-...como me fastidia salir así -le dijo intentando atraerle hacia él-.
-...tranquilo - respondió Michael en voz baja y prometedora- Esta noche lo vamos a celebrar por todo lo alto...
De esa forma se vió por segunda vez en el mismo día haciendo el trayecto a la ciudad y con la misma lluvia pintando de gris el cielo. Pensar en ello hizo que la imagen de la mujer contemplándole en la cafetería de la estación le abordase sin previo aviso, dejándole desconcertado.
"Quien eres, desconocida..."
...
El silbato anunciando una parada cercana la sacó de su ensimismamiento. Aún no era la suya pero irguió la cabeza y respiró hondo, intentando serenarse.
...
...sin dejar de pensar en ella el tren silbó anunciando una parada, empezó a detenerse lentamente a la vez que lo hacía un tren que se movía en dirección contraria. Entonces...
...
...frotó el vaho de la ventanilla incrédula, para contemplar el tren que se había detenido junto al suyo. Justo enfrente, en el otro tren, alguien imitaba sus movimientos para ver mejor, era...
...
..."¡Sara!"...
...
..."no es posible" susurró su mente racional sintiendo que, una vez más, se llenaban sus ojos de lágrimas pero esta vez sin ningún sentido. No quiso llorar ante él, en su lugar compuso una gran sonrisa y con el dedo pintó despacio un gran "HOLA" en el cristal empañado, del revés para que él pudiera verlo.
...
..."Hola", le escribió él sintiendose inesperadamente emocionado y olvidándose de pronto de la entrevista, de la lluvia, hasta de Michael. "Quien eres", le dijo sin hablar, solo moviendo los labios.
Sara apoyó una mano en el cristal con la mirada llena de... ¿de qué?...
Los trenes silbaron a la vez y ambos arrancaron simultaneamente, cada uno hacia su destino, pero con la sensación de que aquel era el primer día del resto de sus vidas.

Thursday, February 15, 2007

Efectos secundarios ( 2 )


Atravesaron el habitual torbellino en que se convertía el comedor de la oficina a la hora del descanso, Rosi con su formidable humanidad y su pelo rojo fuego delante rugiendo a diestro y siniestro, Sara resguardada a su espalda dejándose llevar.
- Tengo que decírtelo -le dijo su compañera cuando por fin encontraron una mesa libre-, me jode, pero con mayúsculas, estar haciendo mi almuerzo de régimen de 400 calorías de porquería y seguir todavía comiendo más que tu... ¿solo vas a tomarte esa taza de café?
Sara sonrió meneando la cabeza y no dijo nada. Rosi agarró el sandwich de pavo como si se tratase de un objeto contundente y antes de morderlo, preguntó:
- Bien, escúpelo, de qué se trata...,
- ¿...?
- Si, no pongas esa cara. Por alguna razón tienes hoy una sonrisita de satisfacción que no me puedo explicar, a pesar de la bronca que te ha echado el jefe por llegar tarde y de la mañana que nos han dado esos cabrones del servicio extranjero... A mi no me engañas, te ha pasado algo...
Ella se ruborizó un poco antes de decir en voz baja, inclinándose sobre la mesa hacia su compañera:
-...vale... es una locura... no tiene pies ni cabeza... pero esta mañana, en la estación... he conocido a un hombre...
- ¿Y esa es la buena noticia? Los hombres pululan por ahí desde hace siglos y ninguno me ha dado aún motivos de alegría. De qué estás hablando, que quieres decirme...-de pronto Rosi interrumpió el proceso de masticación y dilató cómicamente los ojos- ¡Cielos! ¿Que tengo que pensar , Sara? ¿Que tengo que pensar?... ¿Te lo has montado con un tío en los lavabos de la estación?...¡Oh Dios, que sucio, me encanta! ¡CUENTAMELO TODO!
Sara tuvo que reirse antes de contestar:
-...no me lo he montado con nadie, es solo... coincidí con ese hombre allí y... no sé... creí que le conocía ya, y el también creía conocerme a mi. Fue breve y mágico.
Rosi resopló y abandonó el sandwich mordisqueado sobre la mesa.
- Oh... vaya...
- Te lo juro, fue así...
-...menuda mierda, Sara. Me parece estar viviendo una puta película de Meg Ryan, y ya sabes lo que pienso de las películas de esa tía... joder, Sara, si hasta te pareces a Meg Ryan... ¿y cual sera el siguiente paso? ¿echar un polvete en lo alto del Empire State Building?
-...no seas borde, Rosi...
- ¡Por lo menos dime que estaba bueno!...Cristo Jesús,tú, la madre y esposa perfecta,con un pie en el adulterio. Todos mis principios se tambalean... ¿tomamos un helado?... este estrés emocional me pide un extra de calorías...
(...)
Ben vivía en una pequeña casita con un poco de jardín alrededor en uno de los pocos pueblos próximos a la ciudad que aún conservaban un poco de tranquilidad. Cuando llegó había parado de llover y el sol asomaba de vez en cuando entrelas nubes oscuras. Encontró a Michael de rodillas en el suelo con su uniforme de "trabajar-el-jardín" (unos pantalones vaqueros viejisimos y una vieja chaqueta del ejército)escarbando con una pequeña pala en el suelo.
- Estoy plantando bulbos de narcisos -le explicó al verle de pie en el sendero de entrada-...hola...¿que pasó? ¿perdiste el tren directo?
- Ajá -dijo Ben antes de agacharse para besarle brevemente- Ese cerdo de la editorial me ha tenido una hora esperando a la puerta de su despacho, no sé que pretendía demostrarme...
Una vez más pensó que todo en Michael le recordaba el verano: los ojos claros como un cielo de Junio, el cabello del color del trigo maduro y una piel suave y dorada que hablaba de la playa y el mar. Su sonrisa era hermosa cuando se levantó y, pasándole un dedo lleno de tierra negra por la mejilla, le preguntó:
- Que te pasa, chico guapo, traes la mirada iluminada. ¿Te han aceptado la novela así sin más?
- No, ya sabes, van a estudiarlo y tal... no, no es eso...
- ¿Entonces, cual es la buena noticia?
Era tan absurdo que se lo dijo sin más.
- He conocido una chica mientras hacía el transbordo...
Michael ríe pero aprecia en sus ojos una leve sombra de desconfianza.
- ¿Una chica?... ¿y?... ¿te has enamorado?
Ben le da unos fingidos puñetazos en el costado antes de abrazarle un momento.
-...idiota...no, pero ha sido extraño, la ví mirándome y pensé... no sé, que la conocía desde siempre...pero no me hagas caso, son tonterías mías, ya sabes como funciona el cerebro de los escritores, siempre buscando historias por todas partes -agarró por la cintura a Michael y, atrayéndole un poco hacia sí mismo le susurró- ...oye, porqué no vamos dentro y hacemos algo de desayuno...necesito calentarme un poco...
- Eso está hecho -rió Michael, y entraron juntos y enlazados a la casa-.
Continuará

Saturday, February 10, 2007

El encuentro ( 1 )



"Un día más, la misma ciudad, la misma lluvia", pensó con desánimo mientras aguardaba el tren de cercanías que la llevaría al trabajo. Sin embargo aquella mañana no era igual que las demás. A diferencia del resto de los días, se encontraba prácticamente sola en el andén, tan solo veía a media docena de personas mas y cada una parecía aprovechar al máximo el espacio disponible situándose lo más lejos posible los unos de los otros, como si quisieran disfrutar de la momentanea intimidad que les proporcionaba ese aislamiento. Sara se arrebujó un poco más dentro de su abrigo, suspirando.

La mañana no estaba siendo fácil en absoluto. Los niños habían protestado más que de costumbre: para levantarse, para desayunar, habían conseguido hacerla gritar cuando se rompió una uña al abotonarles los abrigos mientras forcejeaban y chillaban..."Héctor", el gato de la casa, aprovechó la confusión para huir escaleras arriba, entonces sí se desató un pequeño cataclismo a su alrededor:
"Mamá, mamá, Héctor se ha marchado y no va a volver"
"Si, Quique, mamá lo va a traer"
"Noooo, se va a moriiiir"
"No, Guille, no se va a morir"
Entonces recordó el husky siberiano de la vecina del séptimo, un chucho enorme con el que solían cruzarse casi todas las mañanas cuando iban al colegio, dejó sus zapatos de tacón sobre el felpudo y se lanzó a la carrera escaleras arriba,temiendo rematar ese nefasto principio de jornada con la tarea de arrancar el pellejo de Héctor de los colmillos del perrazo...
...no fue así, Héctor sólo había llegado al quinto, intimidado por el territorio desconocido, y al verla aparecer logró esquivarla habilmente y volvió solito a casa bufando y con el lomo erizado.
"¡¡¡Mamá, mamá, Héctor ha vuelto!!!"chillaron sus hijos al verla bajar resbalando sobre las medias y mirando su reloj mientras repetía mentalmente como un mantra "no me va a dar tiempo, no me va a dar tiempo", entró como una exhalacion a coger la enorme carpeta repleta de documentos y dossiers que se había traído la tarde anterior del trabajo para ponerse un poco al día después de la cena y...

... y sólo pudo resoplar desolada al ver marcharse "su" tren, dejándola empapada de agua de lluvia y sudor en la estación vacía.
"Es la segunda vez este mes, Sara", le había dicho el jefe tras escuchar sus atropelladas y jadeantes explicaciones "Se supone que una de las razones por las que tengo una secretaria es para que tenga hechas una serie de cosas para cuando yo llego por la mañana, y no llegar yo y dejarle hecho ese trabajo a ella..."
"Lo siento..."
"Si esto se convierte en una costumbre, tendré que buscar a otra persona con menos problemas personales..."
Estuvo a punto de llorar de rabia e impotencia, tuvo que aguardar unos instantes apretándose los párpados con fuerza y respirando hondo antes de abandonar la cabina de teléfonos. Despues salió al andén casi vacío, contempló a los escasos viajeros y el gran reloj que colgaba del techo.

"Veinte minutos... ya que no podemos hacer más, tomaremos algo caliente. Un momento de tranquilidad."

También la cafetería estaba casi vacía, nada que ver con la batalla habitual que veía librarse cada mañana para llegar hasta la barra.
- ¿Desea tomar algo, señorita? -le preguntó el mismo camarero que acostumbraba a ignorarla cuando el lugar estaba repleto-.
Sonrió levemente, pensando en lo diferentes que resultan los lugares según se pase por ellos diez minutos antes o después,luego pidió un café y se sentó en una mesa junto a las cristaleras. De pronto se sentía mejor. Retuvo la taza caliente entre las manos y se perdió en sus pensamientos contemplando caer la lluvia...

Tardó unos minutos en reparar en el hombre que un par de mesas más allá escribía velozmente en una pequeña libreta, también con una taza de café a su lado. Estaba tan absorto en su labor como ella misma unos segundos antes, por lo cual pudo observarlo a su antojo: el rostro sin afeitar, el pelo negro algo alborotado del viento y el agua, la recta mandíbula tensa por la concentración, unas manos hermosas, de dedos largos, un abrigo negro que le daba un aire bohemio... no se dió cuenta de que estaba sonriendo hasta que el desconocido levantó unos ojos inesperadamente claros ( "¿grises?...¿azules?")y le devolvió la sonrisa.
- Vaya mañanita, ¿eh?
Su voz era grave y suave, con una leve nota de humor de fondo. Ella enrojeció hasta la raíz del cabello como en sus tiempos de instituto.
- Pues sí -susurró sintiendose muy estúpida. El breve vistazo a su propio reflejo en los cristales, comprobando el lamentable aspecto que ofrecía con su pelo mojado y las ropas descolocadas por las carreras del día, no contribuyeron a mejorar su autoestima-.
Tras un breve silencio el desconocido preguntó:
- ¿Te importa que me siente allí contigo?
Se encogió de hombros, incapaz de responder.
- Lo tomaré por un "sí" -dijo él sonriendo y recogiendo a la vez la taza, la libreta y una pequeña mochila. Luego se dejó caer ante ella con un leve soplido- Me llamo Ben.
- Yo Sara -respondió rapidamente. Después, casi sin pensar, hizo un movimiento de cabeza hacia la libreta y dijo- ¿Eres escritor?
- Ajá. Estuve en el centro a primera hora para entregar unos borradores, y ahora espero el tren de vuelta a casa... casi nunca hago transbordo en esta estación, cojo un cercanías que me lleva directo hasta casa pero hoy tuve una...
-...mañana horrible - terminó ella haciéndole reir-. Sé de que hablas. Yo tampoco debería estar aquí a estas horas, tendría que estar entrando en mi trabajo pero hoy todo se torció.
El asintió despacio, sin dejar un instante de sonreir y luego comentó despacio:
- ...oye... desde que te he visto tengo la sensación de que nos conocemos de algo... como lo llaman, ¿un "dejà vu"?
Sara meneó la cabeza azorada y de pronto pensó en la extraña sensación que había tenido viéndole un poco antes, inclinado sobre su libreta y totalmente absorto.
-...quizás sí... es una ciudad grande, pero puede ocurrir, ¿verdad?
El emitió un "hum" pensativo y concentró más en ella su mirada con una mezcla de admiración y extrañeza, como si tratara de recordar. Sara se dió cuenta de repente de lo cerca que estaban sus manos sobre la mesa, se preguntó lo que ocurriría si de pronto él dejase caer los dedos sobre los suyos...

El timbre anunciando la llegada de su tren la sacó del hechizo, se levantó de un salto y exclamó:
- ¡Este no puedo perderlo!
Cargó de nuevo con su abultada carpeta y fue a echar a correr, pero aquella sonrisa la retuvo unos segundos más.
-...bueno, encantada, Ben.
- Volveremos a vernos...
- ¿Es una pregunta o una afirmación? -le preguntó riendo-.
Él se encogió de hombros mostrando la palma de sus manos.

Aún quedó prendida en sus ojos unos instantes más, después vió entrar su tren silbando en el andén y salió corriendo como una loca.

Continúa, claro...